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Se hizo el 8

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Un día como ayer hace 8 años me aventuré, casi, casi obligada a crear este espacio. Sandra en su Mundo nació, como tantas veces lo he contado, como una tarea y se volvió en mi hobbie, en mi vehículo de escape, en la validación de que no soy rara, o de que no hay cosas que solo me pasan a mi, o que no soy la única a la que le gusta lo que escribo. Han pasado 8 años y sigo aquí. No me pregunten si pensé en que esta pequeña bitácora llegaría a cumplir 8 años porque no sé la respuesta. Nunca imaginé cuanto iría a durar esto de contar mis historias, mis teorías, mis puntos de vista, mis speechs, a veces un poco desubicados o demasiado idealistas. Es más, ahora mismo no sé cuanto más me durará la gracia de alucinarme Carrie Bradshaw, con la octava parte de su experiencia y en una ciudad que para nada es Nueva York. Solo se que quiero escribir el resto de mi vida, y por eso me gusta mi trabajo, el mismo que me ha hecho abandonar un poco el blog, aunque hago lo humanamente posible por...

Alejandro, una vez más

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Alguna vez he dicho que muchas canciones de Alejandro Sanz me remiten a momentos específicos de mi vida. Eso, sumado a lo churro que está, sin importarme sus canas o sus kilos extra, hacen que sea uno de mis cantantes favoritos, y que ya esté restando los minutos para verlo mañana. -      -  Era 1992, o tal vez 1993, y yo me había enamorado por primera vez. Mi estómago se retorcía, mis manos temblaban, mis pies se congelaban y mi corazón brincaba cada vez que el chiquillo en el que me había fijado estaba cerca. Podíamos conversar horas y de todo, menos de ese secreto inconfesable. Él me gustaba y yo le gustaba, por eso ese primer amor, o mejor dicho ilusión en su estado más puro y natural, cual aceite Primor, me pinta una sonrisa y se me viene a la cabeza cuando escucho Pisando Fuerte. Esa era la canción que escuchábamos cuando apagábamos las luces para ver la televisión casi, casi calidad cine, y compartíamos las miradas, y porque sin palabras, pero ...

Empatía

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Empatía. Según la RAE es la participación afectiva de una persona en una realidad ajena a ella, generalmente en los sentimientos de otra persona. O sea ponerse en los zapatos de la otra persona para entender sus reclamos, su pensamiento, su postura. Alarmada por la cantidad de gente bruta que piensa confiar su voto a una mujercita poca cosa, con gran parecido a una muñeca diabólica, me parece preciso hacer un pequeño ejercicio de empatía. Respiren fuerte y síganme los buenos. Digamos que un día tu hija, tu hermana, tu sobrina, tu ahijada, o alguna persona de corta edad a quien le tienes mucho cariño, desaparece. Digamos que pasan los días y aparece, la han violado y, no conformes con esa aberración, la mataron. El dolor te consume y también la indignación, la rabia, la duda, no comprendes como puede existir gente tan cruel, tan despiadada, tan desquiciada en el mundo, y por qué se le permite vivir a esa especie. Digamos que los periodistas cubren tu caso, y quienes conocen la ...

Chica, tienes que cuidarte

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De mala manera aprendí que debo cuidarme, preocuparme por mi salud, alarmarme cuando vea algo que no se me hace normal, ir al médico para despejar cualquier duda. Eso no es ser hipocondríaca, adjetivo que detesto y evito a toda costa, es cuidarse, algo que en la base 3 se hace imperiosamente necesario en el plano físico, psicológico y por supuesto que en el sentimental también. Por un lado cuidarse es quererse, y ya hablamos alguna vez de lo importante que es la autoestima, porque si no nos queremos, quien mas nos va a querer, algo trillado, pero cierto, y porque plantadas, lidiando o superando la base 3, es momento de aceptarse, asumirse, adquirir más seguridad, vernos en el espejo y decir ¡asu, qué rica que estoy!, ¡para comer y para llevar! o ¿quién puede resistirse?  Todas tenemos días malos, en los que nos sentimos mal y la cara nos delata, nos hinchamos por un día bajo el sol sin muchas precauciones, o nuestro pelo amanece rebelde. Esos días pongamos de nuestra p...

Y se rompió la mala racha

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Muchos están restando los minutos para que se acabe el 2019, quieren que se vaya y ya, y los entiendo, porque yo estuve así en el 2017, más o menos así en el 2018, pero este año ha sido radicalmente diferente y yo quiero estirar estas horitas que le quedan al 2019 y convencerme de que el 2020 también será un año de buena racha. Antes de que revienten los fuegos artificiales y me atragante las uvas quiero recapitular lo vivido este año. Recuerdo que en julio estaba conversando con mi Institución adorada. Ese día había tenido una entrevista de trabajo, la había aprobado y al día siguiente tenía otra, el puesto me encantaba, redactora, lo que había perseguido, pero de costadito, durante todo el tiempo en que busqué chamba. Le dije convencida y entre risas a mi Institución, si aprueba esta entrevista y consigo ese puesto, este 2019 será el mejor año de mi vida. En menos de 24 horas estaba embarcada en eso, en los mejores días vividos en los últimos dos años. Estaba feliz, y sigo f...

El retorno de la duendecita

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Yo siempre me distinguí por mi amor incondicional a la navidad, hasta hace dos años en que llegué a diciembre quebrada, lo que me impidió hacer mi actividad favorita de diciembre, comprar regalos para todos. La pauta se repitió el año pasado. Por suerte, hoy, en diciembre de este gran año llamado 2019, la cosa ha cambiado radicalmente. En una, desapareció el Grinch que se adueñaba de mi ser y regresó a mi la duendecita mágica, la guaripolera number one de Papá Noel, la niña interior que hace que esta treintona ame la navidad. Ya se lo que van a decir y /o pensar, que soy consumista y doy un pésimo ejemplo porque la Navidad no se trata de dar y recibir regalos, sino de celebrar el nacimiento de Jesús, pasar tiempo en familia, compartir con quienes menos tienen, y así un largo etcétera. Bueno, diré en mi defensa de que una de mis actividades casi obligatoria del 24 de diciembre es ir a la Misa de Gallo, a manera de saludar al cumpleañero, lo que más disfruto de esa fecha es reun...

Mientras duró

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Es inevitable que las miradas se posen sobre ellos y que murmuren quienes saben lo que pasó, que son más de los que ellos creen. Les lanzan indirectas bien directas, algunas les hacen gracia, una de ellas propició un abrazo y en medio del ataque de risa ella le dijo no negaré que fue bueno mientras duró. Él asintió Fue la primera ilusión de ella. Lo adoraba, lo pensaba, pedía por él en sus oraciones de cada noche. Y ella fue la primera chica en la que él posó sus ojos. Se alegraba al tenerla cerca, la miraba, la escuchaba, la hacía reír. Esa correspondencia hizo de su historia, la primera, un relato tierno, dulce, pero totalmente platónico, por eso mismo perfecto. Por todos los sentimiento que nacieron en el interior de ambos por primera vez, por los bonitos recuerdos que quedaron, por las canciones que hasta la fecha les arrancan una sonrisa y un suspiro, lo suyo fue bueno mientras duró. El primer beso tardó, pero llegó y no pudo ser mejor. Coincidieron de manera casual, ba...