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Mostrando las entradas etiquetadas como canciones

La máquina del domingo

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Hace muchos, muchos, muchísimos años atrás, cuando este blog no estaba ni en proyecto, se me ocurrió escribir unas crónicas de conciertos, ya que iba a cada rato a ver a una y otra banda, literalmente. Todos los fines de semana. La idea duró lo que duró el cuadernito que sirvió de soporte, y la olvidé por completo, hasta que haces dos domingos, escuchando a El Diario de Hank y a TK en vivo, recordé esa sana costumbre de registrar cada sensación, cada sonrisa, cada emoción que me regalaba un nuevo concierto. Los domingos por la noche, me doy una ducha, me pongo el pijama, como algo (que trato que sea ligero, más no siempre lo logro) y me tumbo en la cama a ver algún noticiero o una película, hasta que el sueño me gana. Creo que es una rutina normal, porque qué flojera arreglarse y salir un domingo por la tarde - noche. Sin embargo, cuando TK anunció concierto y El Diario de Hank confirmó que abriría ese concierto, se me olvidó el protocolo dominguero, el pijama, el noticiero, la flojera...

Todo le parecía bonito

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Hoy por la mañana mi papé me contó que en las noticias habían anunciado que Pau Donés, vocalista de Jarabe de Palo, falleció. No lo creía. Saqué mi celular para revisar las noticias, era verdad, pero yo no salía de mi incredulidad. Nunca cumpliré mi sueño de escuchar Grita, que es uno de mis himnos, en la voz de su autor en vivo y en directo. El sentimiento de frustración es muy inferior a la pena que en este momento me rebasa. Con pocos artistas, por no decir con nadie, me sucedió lo ocurrido hoy. Las lágrimas se me caían mientras subía a mi red social una noticia sobre el fallecimiento de Pau Donés. No me pasó con Cerati, ni con Gabriel García Marquez, ni con Chespirito, ni con Robin Williams, ni con Diana de Gales. Tal vez porque, aunque había admiración hacia todos ellos, no escribieron, cantaron o interpretaron una pieza que adopté como mía. Tan mía, que lo confieso sin reparo. Grita es mi himno. No recuerdo cuando escuché a Jarabe de Palo por primera vez. Estaba en el co...

Alejandro, una vez más

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Alguna vez he dicho que muchas canciones de Alejandro Sanz me remiten a momentos específicos de mi vida. Eso, sumado a lo churro que está, sin importarme sus canas o sus kilos extra, hacen que sea uno de mis cantantes favoritos, y que ya esté restando los minutos para verlo mañana. -      -  Era 1992, o tal vez 1993, y yo me había enamorado por primera vez. Mi estómago se retorcía, mis manos temblaban, mis pies se congelaban y mi corazón brincaba cada vez que el chiquillo en el que me había fijado estaba cerca. Podíamos conversar horas y de todo, menos de ese secreto inconfesable. Él me gustaba y yo le gustaba, por eso ese primer amor, o mejor dicho ilusión en su estado más puro y natural, cual aceite Primor, me pinta una sonrisa y se me viene a la cabeza cuando escucho Pisando Fuerte. Esa era la canción que escuchábamos cuando apagábamos las luces para ver la televisión casi, casi calidad cine, y compartíamos las miradas, y porque sin palabras, pero ...

Una canción de amor

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En el marco del día del amor, un programa de televisión preguntó a diferentes personajes cuál era la canción que los remitía a su primer amor. Inmediatamente pensé la respuesta que daría si me hicieran la misma interrogante, y para darle más trabajo a mi cabeza traté de recopilar la banda sonora de cada uno de mis idilios. Difícil elegir una sola canción por persona, sin embargo en un esfuerzo titánico elegí solo tres por cabeza. Pisando fuerte de mi Alejandro Sanz me remite en una al Eterno, que prometió que siendo un adolescente entraría en mi mente. No solo entró y dejó huella en mi cabeza, sino también en mi corazón. Además esa canción la escuchábamos, uno al lado del otro, compartiendo las miradas con las luces apagadas. Un tiempo después, justo antes de que me regale ese oso, que en este momento no tengo ni idea de por dónde anda, me contó que le gustaba mucho una canción de Gianmarco, No puedo amarte. Obviamente, después de que me lo dijo, corrí a encender la radio para...

Alma criolla

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"¿Y a ti de dónde te viene el gusto por la música criolla?" me preguntó una ex compañera de trabajo, al escucharme tarareando a la perfección el coro de Mal Paso. Mi abuelo escuchaba valses cuando regresábamos del colegio todos los días, y ahí fue cuando nació mi cariño le contesté. Además, soy del rico Barrios Altos, rematé. Ella sonrió y se fue cantando "si algún día te acuerdas de mi..." Hoy, que todos lloran a Polo Campos, pienso que el criollismo nunca muere, porque se lleva en el alma. Tal vez el gusto por la música criolla me viene de mucho antes, de que mi abuelo escuche "La Hora del Bitute" cuando nos traía de regreso del colegio a mis hermanas y a mi. De repente fue cuando tenía 9 años, y en el colegio nos enseñaron las letras de Y se llama Perú y Contigo Perú, yo las aprendí y nunca más las olvidé. También recuerdo que al año siguiente, nos hicieron entonar canciones criollas, como parte de una evaluación de arte. Mi grupo escogió Con...

Soundtrack acuoso

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"Lloro una vez al mes, sobre todo cuando hay frío" decía Shakira al cantar Inevitable, una de mis canciones favoritas, debo confesar. Pero yo lloro así sea primavera, verano, otoño o invierno. Si, cursi hasta caer en lo ridículo, sentimentalona extrema y, como si fuera poco, llorona consumada. Estas son las canciones que alguna vez me arrancaron más de una lágrima. Mil Pedazos de Cristina y los Subterráneos. Esa era la canción que andaba de moda y yo no me cansaba de escuchar cuando el Eterno me rompió el corazón por primera vez. Media masoquista, cuando decía que se daba 400 golpes contra la pared; media melancólica, al decir que habría que esconder el dolor dentro, para llorar después; media despechada, por eso de dejar un trozo del corazón dentro de la bota del malhechor para que le duela cuando se vaya con la otra. Pasaron muchos años después de esa primera hecatombe emocional y cierto día, mientras trabajaba sin pausa, pero sin prisa, como solía hacerlo, Mil P...

Que hay imposibles que un día...

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Musicalmente hablando, el 2015 cumplió a pie juntillas lo que cuenta una canción de Amaia Montero: "que hay imposibles que un día consigues sin darte cuenta". Digamos que no imposibles, pero si momentos añorados y que siempre serán recordados por lo que cuentan, lo que encierran, lo que significan para mi. El 2015 no estuvo plagado de conciertos, y no es que el presupuesto no me haya ayudado, es simplemente que no hubieron muchos que me hayan llamado poderosamente la atención. Eso por un lado, de otro lado, los dos mega conciertos a los que fui, fueron festivales, por los que pude matar varios pájaros de un solo tiro. El primero fue el Vivo por el Rock V, programado para un sábado después de mi cumpleaños. Definitivamente fue el mejor regalo que me pude dar. La cartelera anunciaba a un montón de grupos locales que me ponen, entre ellos Río, Mar de Copas y Líbido, y otros extranjeros que marcaron mi adolescencia y primeros años de adultez (o juventud, si nos ponem...

Todo fue inminente

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En diez años muchas cosas pueden pasar, cambios de gobiernos con sus aciertos y desaciertos; logros deportivos, académicos y artísticos; mudanzas geográficas y emocionales; vencer desafíos personales para ir por más; pérdidas de personas queridas y llegadas de otras nuevas, que siempre son motivo de alegría. En diez años por supuesto que he cambiado, sin embargo siempre mantuve mi fascinación por la música de TK y la esperanza de volver a verlos juntos. Hasta que ese día llegó. Como ya se sabe, y si no lo saben, pueden buscar el post dedicado a ellos, TK es una de mis bandas peruanas favoritas, y su separación me dolió un montón, porque junto con ese capítulo se cerró una etapa de mi vida, en la que ellos eran parte, porque sus conciertos figuraban en mi agenda como parada obligatoria, y eran la banda sonora de varios episodios personales memorables. Aquellos que nunca quisieron fue la canción con la que le dije a los ogros hasta aquí no más, Buscando la Victoria fue dedicad...

Una adicción llamada TK

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Yo fui groupie, eso no es novedad. Hasta ahora lo soy y no me pierdo un concierto de algún cantante o grupo que me afane, así sea sábado al mediodía o miércoles por la noche (y un examen esperándome el jueves a primera hora). Siempre me ha gustado la música, pero la incondicionalidad apareció cuando TK llegó a mi vida. En el 2003 yo me jugaba los descuentos en Ogrilandia (léase la gris oficina en la que trabajé por año y medio, los 18 meses más deprimentes y miserables de mi existencia), quería irme de allí, pero me aguantaba como hembra que se respeta, y teme quedarse en el aire de buenas a primeras. Una tarde encendí la radio y escuché un estribillo que me cambió la cara, y la actitud: "No escuches el llanto de aquellos que nunca pudieron lograr". Era lo que necesitaba oír. A partir de ese día, antes de ir a trabajar me bañaba en aceite de bebe para que me resbalara todo lo que dijeran los Ogros, y me limpiaba bien los oídos para que lo que entre por una oreja sa...

That don't impress me much

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Me encanta Shania Twain. Suspiro y recuerdo a mi amor platónico de años universitarios, mi Alf, cuando escucho From this moment on o You're still the one (definitivamente un himno). Me divierte oír y tararear Man I feel like a woman o Don't be stupid (you know I love you, ¿estamos claros?). Y cuando sintonizo en la radio la canción que titula este post, le doy la razón, hay cosas que no me impresionan tanto. Si hoy en día soy fácil de impresionar, de chica lo era el triple. Si el chico me parecía simpático y encima tenía las manos limpias, se vestía bien y tenía bonita voz, caía rendida. Puntos extra si olía rico y parecía inteligente, o era hábil con los números. Con los años me he vuelto exigente con algunas cosas y otras simplemente pasan desapercibidas. No me impresiona tanto que ejercites horas de horas en el gimnasio y se te note.  Es más, evita hablarme de pesas, de tu rutina de ejercicios, de lo que te recomienda tu entrenador y demás, a menos que me quie...