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Mostrando las entradas etiquetadas como TK

La máquina del domingo

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Hace muchos, muchos, muchísimos años atrás, cuando este blog no estaba ni en proyecto, se me ocurrió escribir unas crónicas de conciertos, ya que iba a cada rato a ver a una y otra banda, literalmente. Todos los fines de semana. La idea duró lo que duró el cuadernito que sirvió de soporte, y la olvidé por completo, hasta que haces dos domingos, escuchando a El Diario de Hank y a TK en vivo, recordé esa sana costumbre de registrar cada sensación, cada sonrisa, cada emoción que me regalaba un nuevo concierto. Los domingos por la noche, me doy una ducha, me pongo el pijama, como algo (que trato que sea ligero, más no siempre lo logro) y me tumbo en la cama a ver algún noticiero o una película, hasta que el sueño me gana. Creo que es una rutina normal, porque qué flojera arreglarse y salir un domingo por la tarde - noche. Sin embargo, cuando TK anunció concierto y El Diario de Hank confirmó que abriría ese concierto, se me olvidó el protocolo dominguero, el pijama, el noticiero, la flojera...

Una adicción llamada TK

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Yo fui groupie, eso no es novedad. Hasta ahora lo soy y no me pierdo un concierto de algún cantante o grupo que me afane, así sea sábado al mediodía o miércoles por la noche (y un examen esperándome el jueves a primera hora). Siempre me ha gustado la música, pero la incondicionalidad apareció cuando TK llegó a mi vida. En el 2003 yo me jugaba los descuentos en Ogrilandia (léase la gris oficina en la que trabajé por año y medio, los 18 meses más deprimentes y miserables de mi existencia), quería irme de allí, pero me aguantaba como hembra que se respeta, y teme quedarse en el aire de buenas a primeras. Una tarde encendí la radio y escuché un estribillo que me cambió la cara, y la actitud: "No escuches el llanto de aquellos que nunca pudieron lograr". Era lo que necesitaba oír. A partir de ese día, antes de ir a trabajar me bañaba en aceite de bebe para que me resbalara todo lo que dijeran los Ogros, y me limpiaba bien los oídos para que lo que entre por una oreja sa...

Tiempos groupie

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Alguna vez confesé orgullosa de que yo fuí una groupie, que de chibola fuí fan acérrima de Magneto, luego Menudo y después uno que otro cantante y grupo. Pero cuando el rock nacional resurgió, allá por el 2002, fue en ese momento en que me hice seguidora fiel, admiradora aplicada, fanática total. Diferentes circunstancias me han llevado a la máquina del tiempo, a recordar a la groupie que fuí, un lado mío que duerme y vibra cuando veo a una banda nacional que me pone.       El 2003 fue un buen año. Volví a la universidad, todo era una novedad redescubierta, nuevos cursos de carrera, nuevos profes, nuevos compañeros y un nuevo concierto me esperaba cada fin de semana. Decir que esas tocadas me llevaron a la bancarrota o que gasté una pequeña fortuna en ella sería mentir. Las entradas para casi todos los conciertos a los que asistí ese año eran una fina cortesía de la radio auspiciadora, siempre y cuando esta sea una emisora pequeña que se faje por el ...

El factor divertido

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 En teoría ya estamos en otoño, pero según la experiencia (y mis esperanzas, que tercas se mantienen) aun nos quedan al menos unas cuantas semanitas más de sol y cielo celeste. Por lo general la llegada del otoño, con su cielo panza de burro me bajonea, me deprime un poco, pero en esta ocasión una sorpresa, una presencia inesperada me cambia la cara. El lunes tenía un taller fuera de la oficina y el recorrido hacia el local del día me llenó de nostalgia y recuerdos, ya que pasé por la casa del DJ que me rompió el corazón, por la casa del ingeniero limeño que ahora vive lejos y por la del chico divertido, el Tigger, vamos a ponerle así. Y cuando ya había aterrizado, dejando atrás ese paseo por nostalgilandia, Tigger reaparece con varios mensajes de texto al celular, agradeciendo el sms que hacía un par de semanas le había enviado por su cumpleaños y preguntando mi nombre, ya que estaba reorganziando su agenda. Cuando la dije quien era, la respuesta no pudo ser más cálida: "...

De platónicos y demás demonios

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Amores platónico, he tenido muchos. Incluso los reales, los que caminaban a mi lado, han sido platónicos, porque mi timidez no me permitía hablarles de frente, y hasta ahora, se me hace difícil decir las cosas directamente, pero ese es otro tema. Hablemos de los platónicos de verdad, develemos mi lado gruppie. A inicios de los 90, Magneto y sus 40 grados y después Vuela, Vuela, alborotaba a algunas incautas adolescentes y aspirantes a asolescentes. Yo pertenecía al segundo grupo, tendría unos 9 o 10 años y me encantaban, me sabía todas sus canciones, tenía los casettes (si, casettes) originales, en fin, me parecían lo máximo, pero ahí quedaba la cosa. claro, tenía 9 o 10 años, no estaba en edad de ir a conciertos, ni mucho menos, y yo lo sabía, por eso jamás hice berrinche por ir a verlos en vivo, eso no me entusiasmaba mucho. La emoción, entusiasmo, euforia, pataletas y demás llegó un par de años después cuando conocí a Menudo, los de los 90's. A ver si me acuerdo sus nombre...