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Mostrando las entradas etiquetadas como rock nacional

La máquina del domingo

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Hace muchos, muchos, muchísimos años atrás, cuando este blog no estaba ni en proyecto, se me ocurrió escribir unas crónicas de conciertos, ya que iba a cada rato a ver a una y otra banda, literalmente. Todos los fines de semana. La idea duró lo que duró el cuadernito que sirvió de soporte, y la olvidé por completo, hasta que haces dos domingos, escuchando a El Diario de Hank y a TK en vivo, recordé esa sana costumbre de registrar cada sensación, cada sonrisa, cada emoción que me regalaba un nuevo concierto. Los domingos por la noche, me doy una ducha, me pongo el pijama, como algo (que trato que sea ligero, más no siempre lo logro) y me tumbo en la cama a ver algún noticiero o una película, hasta que el sueño me gana. Creo que es una rutina normal, porque qué flojera arreglarse y salir un domingo por la tarde - noche. Sin embargo, cuando TK anunció concierto y El Diario de Hank confirmó que abriría ese concierto, se me olvidó el protocolo dominguero, el pijama, el noticiero, la flojera...

Dime la verdad

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Dicen que no hay muerto malo, y lo dicen con razón. Cuando una persona muere, se enumeran todas sus virtudes y bondades, y si no las tuvo se le inventan, hasta el más maldito de todos, algo positivo tenía, y eso se exagera para pintarlo como un santo que se va a ir derechito al cielo, pero ¿cuántas veces se le dice a una persona viva, en su cara pelada, todas esas cosas buenas que tiene? Picona como soy me cuesta admitir mis errores, los asumo si, pero me cuesta escucharlos de la boca de otra persona. Por el contrario, me gusta cuando la gente que me rodea, reconoce esas cosas buenas que de hecho tengo, y más todavía si lo dicen en voz alta. Mas que gustarme, me emociona, y hasta el lagrimeo, ya que soy una llorona consumada, y no sé si eso es bueno o malo, pero lo admito con orgullo. He tenido la suerte de escuchar no una, sino varias veces, esas cosas buenas que tengo y que me hacen ser quien soy. Era setiembre de 1996, estaba de retiro con las chicas del colegio. Si ...

Una canción de amor

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En el marco del día del amor, un programa de televisión preguntó a diferentes personajes cuál era la canción que los remitía a su primer amor. Inmediatamente pensé la respuesta que daría si me hicieran la misma interrogante, y para darle más trabajo a mi cabeza traté de recopilar la banda sonora de cada uno de mis idilios. Difícil elegir una sola canción por persona, sin embargo en un esfuerzo titánico elegí solo tres por cabeza. Pisando fuerte de mi Alejandro Sanz me remite en una al Eterno, que prometió que siendo un adolescente entraría en mi mente. No solo entró y dejó huella en mi cabeza, sino también en mi corazón. Además esa canción la escuchábamos, uno al lado del otro, compartiendo las miradas con las luces apagadas. Un tiempo después, justo antes de que me regale ese oso, que en este momento no tengo ni idea de por dónde anda, me contó que le gustaba mucho una canción de Gianmarco, No puedo amarte. Obviamente, después de que me lo dijo, corrí a encender la radio para...

Serás inmortal

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No es secreto que una de mis canciones favoritas del rock nacional es Inmortales de Cementerio Club. Aunque a algunos les parezca aburrida, para mi esa canción lo es todo. Y de hecho lo es, habla de todo. Así me lo confirmó el autor de este himno y líder de la mencionada banda, Jose Arbulú, cuando cierto día coincidimos después de un concierto de TK y yo le conté mi fascinación por su composición.  Cierta vez, durante un concierto, Jose Arbulú, presentó la canción que tan conocida hizo a su banda, dedicándola a todas esas personas que fueron vitales e importantes en un momento de la vida de cada quien. Al escuchar eso yo pensaba, si es una persona vital e importante, debería estar siempre. Debería, mas no siempre sucede así. O de repente estuvo cuando debió, en su momento, y pasó a la inmortalidad, quedándose en nuestra memoria como un recuerdo grato.  - Por ser una relación como debe ser, esa persona se hace inmortal. Una relación como Dios manda, es aquella qu...

Soundtrack acuoso

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"Lloro una vez al mes, sobre todo cuando hay frío" decía Shakira al cantar Inevitable, una de mis canciones favoritas, debo confesar. Pero yo lloro así sea primavera, verano, otoño o invierno. Si, cursi hasta caer en lo ridículo, sentimentalona extrema y, como si fuera poco, llorona consumada. Estas son las canciones que alguna vez me arrancaron más de una lágrima. Mil Pedazos de Cristina y los Subterráneos. Esa era la canción que andaba de moda y yo no me cansaba de escuchar cuando el Eterno me rompió el corazón por primera vez. Media masoquista, cuando decía que se daba 400 golpes contra la pared; media melancólica, al decir que habría que esconder el dolor dentro, para llorar después; media despechada, por eso de dejar un trozo del corazón dentro de la bota del malhechor para que le duela cuando se vaya con la otra. Pasaron muchos años después de esa primera hecatombe emocional y cierto día, mientras trabajaba sin pausa, pero sin prisa, como solía hacerlo, Mil P...

Todo fue inminente

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En diez años muchas cosas pueden pasar, cambios de gobiernos con sus aciertos y desaciertos; logros deportivos, académicos y artísticos; mudanzas geográficas y emocionales; vencer desafíos personales para ir por más; pérdidas de personas queridas y llegadas de otras nuevas, que siempre son motivo de alegría. En diez años por supuesto que he cambiado, sin embargo siempre mantuve mi fascinación por la música de TK y la esperanza de volver a verlos juntos. Hasta que ese día llegó. Como ya se sabe, y si no lo saben, pueden buscar el post dedicado a ellos, TK es una de mis bandas peruanas favoritas, y su separación me dolió un montón, porque junto con ese capítulo se cerró una etapa de mi vida, en la que ellos eran parte, porque sus conciertos figuraban en mi agenda como parada obligatoria, y eran la banda sonora de varios episodios personales memorables. Aquellos que nunca quisieron fue la canción con la que le dije a los ogros hasta aquí no más, Buscando la Victoria fue dedicad...

Una adicción llamada TK

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Yo fui groupie, eso no es novedad. Hasta ahora lo soy y no me pierdo un concierto de algún cantante o grupo que me afane, así sea sábado al mediodía o miércoles por la noche (y un examen esperándome el jueves a primera hora). Siempre me ha gustado la música, pero la incondicionalidad apareció cuando TK llegó a mi vida. En el 2003 yo me jugaba los descuentos en Ogrilandia (léase la gris oficina en la que trabajé por año y medio, los 18 meses más deprimentes y miserables de mi existencia), quería irme de allí, pero me aguantaba como hembra que se respeta, y teme quedarse en el aire de buenas a primeras. Una tarde encendí la radio y escuché un estribillo que me cambió la cara, y la actitud: "No escuches el llanto de aquellos que nunca pudieron lograr". Era lo que necesitaba oír. A partir de ese día, antes de ir a trabajar me bañaba en aceite de bebe para que me resbalara todo lo que dijeran los Ogros, y me limpiaba bien los oídos para que lo que entre por una oreja sa...

Tiempos groupie

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Alguna vez confesé orgullosa de que yo fuí una groupie, que de chibola fuí fan acérrima de Magneto, luego Menudo y después uno que otro cantante y grupo. Pero cuando el rock nacional resurgió, allá por el 2002, fue en ese momento en que me hice seguidora fiel, admiradora aplicada, fanática total. Diferentes circunstancias me han llevado a la máquina del tiempo, a recordar a la groupie que fuí, un lado mío que duerme y vibra cuando veo a una banda nacional que me pone.       El 2003 fue un buen año. Volví a la universidad, todo era una novedad redescubierta, nuevos cursos de carrera, nuevos profes, nuevos compañeros y un nuevo concierto me esperaba cada fin de semana. Decir que esas tocadas me llevaron a la bancarrota o que gasté una pequeña fortuna en ella sería mentir. Las entradas para casi todos los conciertos a los que asistí ese año eran una fina cortesía de la radio auspiciadora, siempre y cuando esta sea una emisora pequeña que se faje por el ...