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Cerca al malecón

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Lima no es una ciudad tan grande como parece, por eso en algún momento iba a suceder, en algún momento Él y Ella se volverían a encontrar. No sabían cuando, ni donde, ni cómo, no se atormentaban con la idea, pero iba a pasar. Y pasó. Si bien después de que su larga no relación hizo crack ambos no se volvieron a ver, uno estaba al tanto de la vida del otro. Imposible no estarlo en la era de las redes, a veces ella pecaba de masoquista, otras él de curioso. Se sabían bien y con eso bastaba. No rebuscaban, no querían detalles, no los necesitaban, y tampoco se pisaban las sombras, ni se perseguían, y eso los tenía aliviados. Un poco más a ella que a él. Ambos habían reconstruido sus vidas, eran nuevas y mejoradas versiones de ellos mismos, 10 años no habían pasado por las puras. Cierta tarde él había salido a correr, como solía hacerlo todos los fines de semana por la tarde. Corrió a  toda prisa hasta llegar al malecón. Se detuvo frente al mar, lo observó maravillado, el m...

Amor y alcohol

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Por lo menos una vez hemos hablado de las mentiras universales, de eso que nos dicen  los patas que tienen ganas de una sola cosa y nosotras no se la queremos dar. Al menos no tan fácil. Pero, como es mejor escuchar lo que queremos oír, hacernos las de la memoria selectiva, usar la ignorancia deliberada, o todas las anteriores juntas, creo que es necesario repasar una excusa tan vieja como la tierra. Eso de que solo los niños y los borrachos dicen la verdad, no es tan cierto. Presta atención. Digamos que un chico te gusta un montón, y te da la impresión que tú también le gustas porque el otro día te quedó mirando. Una noche él, tras haber ingerido inmoderadas dosis de alcohol, se te acerca, te coquetea y te da un beso que te deja perpleja y sin aire. Tan bien te sentiste que siguen besándose, y entre arrumaco y arrumaco, él te dice que eres linda, que le encantas, que se muere por ti, y un extenso bla, bla, bla, tan falso como delantera de vedette. Como tú estás cegada por...

Una cuestión de confianza

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Ya sabemos lo que está pasando. Los congresistas, sobre todo los naranjas y sus amiguitos, los de la estrella, no hacen nada, para variar, al Presidente y a su Premier esta situación ya les llegó y no han visto mas solución que, amparados en la Constitución, acorralar a los vagos. O se ponen a trabajar y, de paso, dejan trabajar al resto, o todo se va al demonio, chau ministros, chau congresistas, quienes le dirán chau a su jugoso e injustificado sueldo. Dejando de lado la política, qué tan importante es la confianza en una relación cualquiera. Cuando estaba en quinto de secundaria, en un retiro hicimos una dinámica, debíamos dejarnos caer de espaldas, con una amiga detrás de nosotros, la cual tenía que sostenernos y no dejar que nos descerebráramos. Como la mayoría de mis compañeras de promoción, no pude dejarme ir, algo me detenía. Algo que nos dijeron era desconfianza, lo cual para mi, en ese entonces, era improbable, yo confiaba a ciegas en mis amigas del colegio. Claro, t...

Tantas cosas que contarte

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Quiero contarte muchas cosas. Tal vez las sabes, total, la tecnología nos permite hablar de cuando en cuando, pero para mi una cosa es escribirte o enviarte mensajes de voz y otra, muy distinta, decirte las cosas frente a frente, aunque cuando eso pasa no te narro todo, me corto, me mido. Tú haces lo mismo, hasta que de pronto rompes un silencio con una confesión y la cierras y sellas con un beso que me sorprende, me sonroja y me hace sonreír. Quiero contarte que mi nuevo trabajo me reta, y algunos días me estresa, sobre todo cuando se me juntan varias cosas, pero eso me gusta, como que rompe la inercia y hace que el tiempo pase volando, antes de que me de cuenta ya terminó el día y vuelvo a casa. Estoy aprendiendo, estoy creciendo, me siento a gusto, vengo a trabajar de buen humor, aunque mi jefe me estresa, pero jefe que no te pone los pelos de punta, no es jefe pues, por más buena onda que sea. La casa donde funciona la oficina es grande y linda, tiene algo que me dejó embo...

Nuestra larga historia

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Aunque está claro como el agua que el nosotros solo se conjuga en tiempo pasado, y no se si perfecto o pluscuamperfecto, a veces, sin querer me encuentro con una máquina del tiempo y se me da por verla funcionar y recordar esos episodios que compartimos, y que contra todo pronóstico, me hacen sonreir. Recuerdo los primeros guiños coquetos. Tu esfuerzo por llamar mi atención. Lo mucho que me fastidiaba que lo hicieras delante de todos. Como me sonrojaba. Lo feliz que me hacía saber que te vería pronto. El tiempo y las circunstancias, que en ese entonces conspiraban a nuestro favor. Tus excusas para que nos encontráramos. Tus ojos sobre mi. Mi vena parlanchina naciendo frente a ti. Mis comentarios irreales, pero sinceros. Tus indirectas, las mismas que entendía a destiempo. Esa tarde tibia de mayo. Tus dedos entrelazados con los míos. Mi corazón tan acelerado que creí que se saldría del pecho. Tiempo después la escena se calcó. Fue una tarde de setiembre. Tu ingenio para est...

Un cumpleaños diferente

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Llegaron los 38, y no me agarraron desprevenida, en realidad me encontraron cantando los grandes éxitos de la cumbia peruana e himnos de liberación femenina de ayer, hoy y siempre. Este ha sido un cumpleaños que quería celebrar como se debe, como me provocaba, sin grandes pretensiones, pero con gente querida a mi alrededor, eso si. Y así fue. se me cumplieron todos los caprichos. Cual fiesta patronal, este año celebré desde 2 días antes con sorpresa en la oficina. Mi escritorio decorado y todos mis compañeros cantando el Happy Birthday, y esperando que apague la velita que decoraba un postre que me devoré en cuestión de segundos, mientras culminaba mis tareas del día y pedía un taxi para ir a un taller que me sería útil para desempeñar mejor mi trabajo. He aprendido a tomar de buena gana las capacitaciones, talleres y cursos a los que me manden. Un cartón nuevo siempre es bienvenido. El sábado, después de voltear mi closet, dándole la bienvenido nuevamente a chompas, casac...

No me lo decían

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Hace mucho tiempo que no me sentaba a escribir, al menos no de corrido, porque el tiempo se me ha hecho un bien escaso, y hace mucho que eso no pasaba. Siempre me sobraban los minutos y leía más, pasaba más tiempo en redes sociales, escribía más. Ahora leo, publico en redes y escribo, pero sobre accesorios de moda porque el trabajo así me lo exige. En medio del corre corre diario han reaparecido personas que me dan pistas de quien era , lo cual me hace más fácil reconocer a la persona que miro todas las mañanas frente al espejo. Hace mucho que no me decían Tigrilla. Y me encantaba que Tiger, el factor divertido, me llamara así. Recuerdo mi regreso a la universidad. Los jueves por la noche, que era cuando nuestros horarios coincidían. Su espacio reducido y algo desordenado. Sus canciones, sus grabaciones, su guitarra. Su pasión por la marinera y el festejo. Mi gusto por las bandas locales que se multiplicaban por ese entonces. Mi confianza en mi misma, la que trataba que no s...