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Masoquismo

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Si no todas, la mayoría de personas tenemos algo de masoquistas. Es un lado que está ahí, durmiendo y despierta cuando menos lo pensamos. Algunos lo ignoran, otros lo enfrentan sin imaginar lo enorme que es y los efectos monstruosos que puede ocasionar en nosotros,  otros hasta parece que lo disfrutan y juegan con fuego una y otra vez. A veces nos gusta el dolor y nos volvemos masoquistas. Está más claro que el agua que a ese chico que te gusta tanto, que te parece tan inteligente, tan cómico, tan bien vestido y que huele muy rico, tú no le mueves un pelo de esa linda cabellera que te gusta tanto. Pero como eres terca, estás dale y dale con lo mismo de pasarle mensajitos puntualmente cada mañana, de inventarte cualquier excusa para saludarlo efusivamente, de invitarlo a salir. Cada vez es lo mismo, él responde cortante, o te promete llamarte y nunca lo hace, o presiona ignorar en su teléfono cada vez que aparece una señal de vida tuya. No está interesado, y eso lo sabes, p...

El apagón... y las cosas que suceden

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Tenías tus sospechas, algo había cambiado, pero no sabías por qué. O sea, no tenías la certeza, pero si intuías, sospechabas e imaginabas las razones por las cuales ese chico al que le movías el piso y te alborotaba el corazón te trata, ahora, con tanto interés como a una planta, tomando en cuenta que él no es jardinero. Hasta que un día aclaras tus sospechas. Sientes que una bomba reventó en tus narices, causó un corto circuito en tu corazón y un apagón en tu cara. A la mayoría de personas, cuando la ilusión se escapa por los poros, se nos nota en la cara. La sonrisa, el tono almibarado al hablar de él, el brillo en los ojos, es notorio, aunque nos esforzamos en disimular. Igual de notorio es cuando lastiman tu corazón. Así sea un golpecito mínimo que no ha dejado ni medio moretón, o una bomba que te lo destroza y lo deja roto en mil pedazos, una vez más.  Eso es conocido como el apagón emocional, equivale al estallido de una bomba que anula tus sentidos, cuesta proce...

Empezar bien, estar bien

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El inicio de un nuevo año emociona a todo el mundo. Ya sea por el tonazo y la consiguiente bombaza que promete, por la esperanza de que sea un año mucho mejor del que se deja atrás, por la oportunidad que representa y todo lo que se ve venir, por la ocasión para reflexionar sobre todo lo hecho, lo avanzado, lo que está en el tintero, lo que se olvidará. Sea como fuere, el año nuevo marca un nuevo comenzar, pero comenzar bien. Este comienzo puede ser un nuevo inicio, una continuación, o un pasar a limpio. Esto último es similar a lo que algunos, los que fueron los alumnos más aplicados seguramente, hacían en el colegio. Todo lo dictado en clase se escribía en un block y en casa, como tarea adicional, se daban el trabajo de pasarlo a su cuaderno, con el margen derechito, los títulos subrayados y en letras grandes, los signos de puntuación en su sitio y ni un solo remendón. Igualito, llega un punto en la vida en la que caemos en la necesidad de reescribir lo hecho sin borrones, s...

Las cosas buenas

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Hace muchos años vi una lacrimógena película llamada las cosas buenas. La moraleja se resumía en el título del film, a pesar de todo lo malo que podemos encontrar en el camino, lo que debemos recordar, valorar y preservar son las cosas buenas. Creo que esto se puede aplicar al caótico 2016 que, por suerte, ya está terminando. Este año lo empecé con optimismo, con las cosas en orden e imaginando que el tiempo si me iba a alcanzar, porque total es año bisiesto y 24 horas más nos van a ser de mucha utilidad. Ese entusiasmo hizo que me olvidara que el 2015 dejaba el territorio movido, incierto, desordenado, y en ese escenario tocaba reconstruir. Y no hablo de una situación personal, hablo del mundo en general, un año electoral que fue por más convulsionado, y cambios políticos, que solo fue un saludo a la bandera, pues los mismos congresistas volvieron a sus mismas curules y nos siguen demostrando lo sinvergüenzas que son y, de paso, que miles de peruanos son ignorantes, pues esa es...

Navidad es...

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Se tenga la religión, la creencia, la raza, la zona geográfica o cualquier otra dimensión social posible, la navidad nos compromete a todos, nos cambia el ánimo, nos estresa, nos entusiasma, todo a la vez. Más allá de los regalos, la cena, el tráfico que anda más caótico que de costumbre, de qué se trata la navidad. Según he escuchado y recopilado ideas, llego a la conclusión de que la Navidad tiene muchas dimensiones, la histórica, la social y la espiritual. Con el corre corre de estos días, el consumismo, las publicidades y las ofertas de ropa, juguetes, panetones y demás, es difícil perder de vista lo que es realmente la Navidad, aceptar la idea de que es solo un intercambio de regalos, y si no tengo plata ampay me salvo, me deprimo y la fecha es un solo de tristezas. Hasta el cansancio he dicho que yo no soy la persona idónea para decir que la Navidad no debe ser compras y regalos porque, soy honesta al confesarlo de nuevo, yo soy consumista y mi vacilón en Navidad es ...

La niña buena

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A ver Papá Noel, las cosas claras. Mala nunca he sido. O sea, a veces reniego, hago pataletas, le pongo cara de fuchi a la comida, me molesto con medio mundo, le digo a los serenos, cobradores de combi y faltosos hasta de lo que se van a morir, pero mala, mala no soy. Creo que en líneas generales eres bueno conmigo, o sea, una con otra, pero tu generosidad puede ser mayor. No digas que no, porque yo se que si puedes. Desde que aprendí a escribir, cerca a navidad hacía dos cosas. La primera era inspeccionar todas las jugeterías posibles y tras una complicada elección, escribir mi carta a Papá Noel, pidiendo que cumpla todos mis sueños, los cuales se resumían a las 10 items descritos en la misiva. Debo confesar que Papá Noel siempre fue generoso conmigo y esos sueños, que se traducían en juguetes, me esperaban cada 24 de diciembre al pie del árbol. Sin embargo, nunca recibí esa casa de la Barbie que tantas veces pedí. Creo que por ese entonces no era tan fácil conseguirla, a...

Tumba la fiesta

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Algunas veces, por no decir siempre, soy pincha globos. Me gusta matar la ilusión con un comentario tan realista, que peca de escéptico. Si, soy tumba la fiesta la mayoría de veces porque sé que es tener un montón de expectativas y darte de bruces contra la cruda verdad. ¿Cuándo soy tan realista, que rozo el pesimismo, y soy etiquetada de tumba la fiesta? - Soy tumba la fiesta cuando juega Perú. Ahí si nadie me gana. Si la selección peruana va a jugar un partido importante, tipo eliminatoria para el próximo mundial me vuelvo la más antipatriota del mundo. No me mal interpreten. Yo amo a mi país, y creo en el potencial y la creatividad de la gente nacida en esta tierra del Inca que el sol ilumina porque Dios lo manda, pero Farfán, Pizarro, Vargas, Guerrero y todos esos jugadores que meten goles en el extranjero y acá lo único que hacen es cambiarse el look y reencontrarse con supuestas ex amantes, me quitaron toda la confianza que, francamente, nunca le tuve a la selección pe...