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Ya no me da pena, señorita

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Hacerse la víctima es sencillo, sobre todo si creces en una sociedad en la que la mujer es ese pobre ser maltratado, frágil, que necesita de un hombre para validarse y ser respetada. O en un entorno en el que la mujer tiene como meta máxima en la vida casarse y procrearse. Hacerse la víctima es más sencillo que aceptar que en realidad nosotras nos ponemos cabe y nos convertimos en la villana del cuento. Ya no me da pena señorita, porque usted soportó golpes, insultos, violaciones y demás maltratos físicos, psicológicos, emocionales y demás tipos conocidos y por conocer y no dijo nada. Es más, aceptó las flores, regalitos y palabreo barato y conciliador, porque un exabrupto, un momento de cólera, un arrebato, lo tiene cualquiera. Y entre curarte golpes y celebrar las reconciliaciones, caíste en un círculo vicioso que se cierra con la muerte. Pudiste denunciarlo pero te dio pena, pensaste en el bienestar de tus hijos, aunque no les haces ningún bien siendo maltratada delante...

Equilibrio

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A mis veintipocos, tanteando una teoría sobre el amor, proclamaba que las relaciones, mientras más racionales mejor. Nada de enloquecerse, desquiciarse, ni perder la cabeza, la razón debe primar en cuestiones amorosas. Poco tiempo después leí una frase que decía algo así como que es de mala educación que la razón interrumpa cuando habla el corazón. Me conmovió, pero yo seguía terca en mi principio de racionalidad ante todo. Poco tiempo después de esa revelación casi espiritual apareció en mi vida el DJ que me rompió el corazón y tuve que morderme la lengua, porque con él hubieron dosis inmoderadas de pasión, su cuota de ternura, mucho cariño, gran admiración, ilusión pura, lo cual dio como resultado una no - relación, en la que jamás apareció el amor y la razón brilló por su ausencia.Tras la debacle emocional que significó decirle hasta chau al DJ, repensé mi teoría, retomé eso del amor racional y finalmente concluí, que más allá de la racionalidad, el romance, o todos los ...

Héroes entre nosotros

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Como la gran mayoría de peruanos, por no decir todos, no puedo estar indiferente ante el incendio de hace unos días en El Agustino. Pero conmoverse no basta, conmoverse no devolverá a la vida a los tres bomberos muertos, conmoverse no logrará salvar la vida de otros tantos bomberos que coquetean con la muerte cada vez que sucede un siniestro. Si yo digo la palabra héroe, al instante se nos viene a la cabeza el nombre de Miguel Grau, Alfonso Ugarte, Francisco Bolognesi o José Gálvez, y pensamos en lo nobles que fueron al dar la vida por la patria hace muchísimos años. Y claro, eso nos enseñan en el colegio, y los buenos profesores nos inculcan el amor, respeto y admiración hacia ellos que son insignes, tienen monumentos, avenidas con sus nombres, casas museos, y es imposible entender la historia de nuestro Perú sin recordarlos. Hoy en día ¿hay héroes? Por supuesto que si, hay cientos de héroes anónimos que caminan entre nosotros y que no necesitan mucha alharaca para hace...

¿Va o no va?

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Llegados a los 30, con varias experiencias vividas y lecciones aprendidas, sumadas al infalible sentido de la intuición, podemos darnos cuenta a velocidad luz si una relación tiene sentido y cuerda para rato o no, si será un proyecto al que debemos darle con todo, o solo un hipo juguetón, si esa relación que parece inminente va o no va.   Como dice Sarah Jessica Parker en Sex and the City, la película, y ya lo he citado alguna vez, los 20 son para divertirse, conocer, tantear, experimentar, tonear a morir, hacer sin pensarla tanto, sin preocuparse tanto, sin planearlo todo. Entonces llegas a la base tres con un montón de historias que te dejan varias lecciones que deben ser aprendidas y, lo más difícil, aplicadas, solo así se puede crecer, madurar y aprender más. Nos vamos a seguir equivocando y con ganas, pero esos magullones por cada nuevo resbalón serán tomados más deportivamente. Vivir para contarla. A mis 35, o como prefiero decirles, mis 18 años de vida más 17 de...

Cierra el libro

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Alguna vez hemos repasado que decir adiós es difícil, tal como cuenta Amén en una canción. Duele, es verdad, pero es necesario. Y va más allá, no es solo terminar, es tratar de terminar bien y quedarnos con el mejor recuerdo de esa relación, o no - relación, que dejó de funcionar. Así hayas estado con un patán, así lo que has terminado fue una no -relación, así te duelan las despedidas, así se te haga innecesario o demasiado dramático, lo mejor es terminar bien con esa persona que en algún momento, que parece no es este, significó tanto en tu vida. Pero si fue un maldito hijo de su madre, un desgraciado, una horrible persona, que no se merece ni mi mirada, por qué despedirme como gente si él no es más que una basura. Porque sea como fuere, ese innombrable fue parte de una relación, que sea como fuese y haya terminado como sea, te hizo crecer. Esa es la idea, que una relación te aporte, caso contrario, sólo has perdido tu tiempo, has embromado, has estado en un remedo de relaci...

Licencia para soñar(te)

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Es cierto que vale la pena soñar, y que para hacer realidad los sueños hay que despertar primero. ¿Qué pasa cuando esos sueños involucran a otra persona?, ¿podemos darle rienda suelta a la imaginación o es mejor pedir permiso antes?, ¿necesitamos licencia para soñar a alguien? Los románticos empedernidos y quienes aman experimentar con el corazón, que siempre termina mal trecho, no necesitamos licencia para soñar, nos la damos sin mas, sin pedir permiso, y sin medir las consecuencias, sobre todo cuando no distinguimos ilusión de realidad, y nos olvidamos de Calderón de la Barca que decía que los sueños, sueños son. Entonces esa persona que nos mueve el piso, que nos trae de vuelta y media, no nos quita necesariamente el sueño, pero si se inmiscuye en ellos, o mejor dicho, lo traemos a rastras. ¿Qué puede ser interpretado como un permiso para soñar? Vivir para contarla. Es una licencia para soñarte esa mirada que se cruzó con la mía. A lo mejor esperabas que te mirara y te...

Huída al sol

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Escápate conmigo, solo una vez, solo unas horas, solo porque si, porque yo te lo pido, porque quiero que te la juegues por mi, así como alguna vez yo me la jugué por ti. Manda todo al diablo, y escápate conmigo, ven al cielo conmigo, huyamos hacia el sol. Abre un paréntesis para escribirlo juntos. ¿No recuerdas aquella vez que me pediste lo mismo? Al inicio la idea era por poco descabellada, luego, mientras más me tentaba, más te decía que no, por llevarte la contra y por tratar de guardar la compostura y la sensatez, esa misma que me terminé de quitar cuando faltaban pretextos para irme, y me sobraban las emociones para quedarme, solo una vez, solo un rato más contigo. No me arrepiento, contigo nunca me arrepentía. Escribimos una anécdota más, hicimos una travesura,  como quien no quería la cosa, pero la queríamos, la armamos, la hicimos. Ahora te pido lo mismo, huye al sol conmigo. Acomoda tu horario al mío y regálame una hora, o dos.  Yo lo hacía, y aunque al p...