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El momento perfecto

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Si ya hemos dicho hasta el cansancio que la perfección no existe, entonces el nombre de este post nos debería descuadrar. Bueno, yo sigo creyendo que la perfección no existe, porque considero que una situación perfecta es una suma de factores, personas, coincidencias, palabras, momentos. Difícil, por no decir imposible que todo coincida, pero estos elementos aislados si existen, estos son algunos momentos en los que respiré y dije, este es el escenario perfecto. 30 de Octubre del 2004.- Pasaba por un buen momento. Había regresado a la universidad y me gustaba esa onda intelectualona, cada día me enamoraba más de mi carrera, y cada fin de semana me encandilaba por alguna banda local en los conciertos a los que solía ir, o alguna canción de moda escuchada y bailada por mi mejor amiga de colegio y yo en la fiesta del último sábado. Por ejemplo, cierto sábado por la noche, cuando ella y un amigo suyo, a quien había conocido meses antes, me invitaron a una fiesta de su facultad. Yo ...

Ni contigo, ni sin ti

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Cuando no estás conmigo las horas son mas largas, decían las Pandora en una canción tan antigua como cursi, y algo insufrible también. Si, cuando uno está con otra persona, sobre todo cuando inicia una relación queremos hacerlo todo juntos, de la mano, sin despegarse, pero llega un momento en que necesitamos algo de aire, así extrañemos irremediablemente al otro. Al empezar una relación con una persona, enlistamos todas las cosas que podemos hacer juntos, según la afinidad de ambos. Entonces se nos abren un abanico de oportunidades: ir al cine, teatro o algún concierto; salir a caminar, de paseo o de viaje, al campo, la playa o algún país que con las justas aparece en el mapamundi; hacer ejercicio, ir al gimnasio o a trotar cada mañana; cantar hasta destrozar tímpanos ajenos en un karaoke, bailar toda la noche y la madrugada o beber y hablar solo porque si. Nos damos cuenta que planear salidas de a dos es entretenido, y por más bonita que sea la situación, no es ajena a es...

Un día de estos

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Medio en serio, medio en broma, una vez te dije que no quería cruzarme contigo al volante. Te reíste, como siempre hacías, y me aseguraste de que ya manejabas mejor. Te seguí la cuerda, y nunca te dije que no quería verte al menos por un buen tiempo, y de la mano de ella, menos.  Digamos que la vida me ha cumplido el deseo. Nunca nos hemos cruzado. Sabemos en que anda el uno y el otro, de vez en cuando recibo un guiño coqueto, espontáneo, sincero. Ya no me emociona, tampoco me sonroja, pero si me arranca una sonrisa, siempre he confesado sin roche de que me haces reír, tu sentido del humor era lo que más me gustaba de ti, y es lo que ahora admiro. Como soy terca, me reto a mi misma, y de paso tiento al diablo y paseo, por puro gusto o por casualidad, por donde andas. Es más, una vez me dí el lujo de hacer compras navideñas de último minuto en un centro comercial que queda a un paso de tu casa. Incluso me tomé un café, y nunca nos cruzamos. Tuve mucha suerte aquella mañan...

Ni una más, ni una menos

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Las cifras de feminicidio y de violencia doméstica, lejos de disminuir, van en aumento alarmantemente. Por un lado, las mujeres que han tratado de denunciar a sus agresores, viven un calvario. Por otra parte, están todas esas víctimas que lo son porque se les da la gana, porque ponen la denuncia y luego la retiran, porque dicen que no saben que hacer, porque tienen la disparatada idea de darles un hogar a sus hijos, espectadores de primera fila de la violencia que se vive entre las cuatro paredes de una casa. Ellas más que víctimas, son sus propias agresoras. La violencia es un círculo que se rompe cuando rompes el silencio. Pero también cuando rompes el miedo, la incertidumbre y la estúpida idea de que somos el sexo débil. Y es que somos bien relajadas y lengua suelta cuando de despotricar contra los hombres entre nuestras amigas se trata. nos nos cansamos de repetir que los hombres no dan a luz porque no soportarían el dolor, que creemos en la superioridad de las mujeres, qu...

Planeando la familia

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El título suena a planificación familiar, pero no, este post no busca informar sobre los métodos de planificación familiar, o hablar sobre mi postura a favor o contra de utilizar alguna píldora, inyección o similar. Simplemente sobre el derecho que tenemos las mujeres de decidir si tenemos familia o no. No se sorprendan, ser mujer y no querer tener hijos es una respuesta completamente válida. La semana pasada leí una columna escrita por Jennifer Aniston en la que decía que no estaba embarazada, pero si indignada por la intromisión de la prensa en su vida y en la vida de quienes la rodean. Nosotras no somos famosas, mi actrices que saltaron a la fama por participar en una sitcom aplaudida y recordada por las tres cuartas partes del mundo, pero nadie está libre de gente metiche, la misma a la que le encanta opinar, sugerir, y hasta decidir por uno. Más todavía si osas decir en voz alta y como la cosa más natural del mundo que no tienes, no quieres y no piensas tener hijos. La ...

Ignorancia deliberada

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El conocimiento nos hará libres, y la ignorancia, además de hacernos atrevidos nos puede hacer felices en algunos casos. ¿Qué tan cierto es eso de ojos que no ven, corazón que no siente? Enfrentar y asumir la realidad es algo que nos toca, que debemos hacer, que corresponde, que responde a la sensatez, pero en miles de situaciones, por no decir en todas, es mejor hacerse los de la vista gorda, decir que aquí no pasa nada, mirar para otro lado, hacerse el loco. O, si queremos ponernos en plan más intelectual, aplicar ignorancia deliberada.  Es decir, sabemos lo que pasa, no somos tontos para no darnos cuenta, ni necios para tratar de tapar el sol con un dedo, pero eso que está sucediendo y que puede que sea peor de lo que imaginamos, o una cosita de nada, amenaza con romper nuestra estabilidad física, mental, emocional o todas las anteriores de un sopapo; quitarnos nuestra tranquilidad; quebrar la inercia con la que estamos tan cómodas en one.  Entonces, por una ...

Al profe con cariño

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Hay profesores y profesores. A todos nos debe haber tocado uno al que odiamos con todas nuestras fuerzas, y al que culpamos hasta la fecha por nuestra poca habilidad con alguna materia, y otros que le hacen honor al nombre y recordamos con cariño y algo de nostalgia. Por supuesto, como cualquier mortal, yo tengo de los dos tipos. Como he contado, innumerables veces, desde chica yo tenía clara la carrera que quería seguir, y si bien alguna vez miré de reojo alguna otra profesión, estaba segura que fuera lo que fuera, mi carrera iba a ser de Letras. Obvio, yo me he considerado incapaz en los números, pero esto no fue siempre así. Es más, recuerdo que a los 9 años yo decía bien librada de culpas que mi curso favorito era Matemática. Pero todo dio un inesperado giro al llegar a quinto grado. Es ley que en secundaria empieza la polidocencia. En primaria yo tenía tres profesores: la tutora, la monjita que nos enseñaba religión y la profesora de educación física. Pero en quinto d...