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¿Qué le viste?

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Esa pregunta me la han hecho un montón de veces, y seguro que a ustedes también. Es la típica de la amiga que lo vio por primera vez y recordó una película de terror o de esa persona que te quiere sacar de la depre post ruptura, tratando de hacerte sentir mejor y, de paso, descubrir que pasó por tu cabeza en el momento en que te templaste del que en adelante será nombrado "susodicho".   No hay respuesta, o tal vez hayan muchas, pero no las decimos porque o se nos olvidan, o serán refutadas al acto, o solo las podemos entender nosotras. Después de todo, nosotras somos la que conocimos a la perfección a esa persona (o eso creíamos), las que compartimos momentos importantes o ahí nomás, la cosa era estar juntos, y finalmente la que se templó y ahora anda con cara de velorio. Como un plus, aunque parezca raro, extrañamos esos pros, así parezcan contras.   Vivir para contarla, aterricemos en mi caso. Varias veces me han hecho esa pregunta, porque bastaba ver la foto de...

Dulce como Candy

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No, no me refiero a las chicas Candy, que son la célebre canción de Plan B andantes. Tampoco hablo de las señoras y señoritas de farándula que se hicieron conocidas por chapar con uno y otro, mientras más chibolo mejor, y volvieron el nombre en adjetivo. Me refiero a la Candy que vi en la televisión, y con la que sufrí, hasta que un día me di cuenta de la realidad. Candy es una tarada.   Las chicas (y algunos chicos también) de base dos y medio a más deben saber a qué me refiero cuando hablo del anime Candy, o si escuchan el estribillo "si me buscas, tú a mi". Y si, Candy era un célebre anime para niñas, es más era una telellorona en dibujos animados. Candy era huérfana, la separaban de su mejor amiga, la adoptaba una familia adinerada, se enamoraba, el chico moría en un fatídico accidente de caballo, luego ella viajaba, se enamoraba de un rebelde sin causa (los preferimos malos, ¿o no?), y finalmente se separaba de él, pero con la garantía de que se iba a ir derechit...

Con ánimo de amar

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Hace rato quiero enamorarme. Enamorarme, no ilusionarme. Hace mucho escuché y hablé de que las personas más que extrañar el tener pareja, extrañan la persona en la que se convierten cuando se enamoran. Yo extraño estar enamorada, si, y también extraño ciertas cosas que se pueden hacer de a dos. Estoy con ánimo de amar porque extraño las manos del Eterno, entrelazándose con las mías. Ese fue el primer gesto que acelero mi corazón y que confirmó lo que yo hacía rato sospechaba, yo le gustaba al Eterno, tal vez tanto, como él me gustaba a mi. Era mutuo, era correspondido, era inocente, era ilusión pura, Siempre a escondidas, siempre disimuladamente, siempre sin querer, pero bien que quería, porque entrelazar mis dedos con los suyos era la muestra de que había cariño, o eso, que a los 12 años yo llamaba amor. Estoy con ánimo de amar porque extraño esas canciones cien por ciento miel que el Intermedio me dedicaba, y yo le dedicaba a él. Fueron muchísimas, fueron las que estaban...

Con el corazón y con la cabeza

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"Uno tiene que enamorarse con la cabeza, no solo con el corazón" me dijo una persona tras una ruptura sentimental hace muchos años. Yo no le presté mucha atención, porque esa relación fue pasajera y nada relevante. Sin embargo, el consejo no me pareció tan inoportuno, ¿será que el amor mientras más racional mejor? Mi romance con Barney fue peculiar. Lo vi, me gustó, él me vio, le gusté y listo, ya éramos enamorados. Fue mi romance adolescente a destiempo, como otras tantas cosas me han pasado en un momento que no era el preciso. En el mundo de juguete en el que trabajábamos éramos la pareja que daba la hora, todos nos veían y sonreían, éramos la ilusión andante. Precisamente esa ilusión paralizó a mi razón cuando esta osó hacerme una pregunta pertinente, ¿no será que estas yendo muy rápido? Meses después, tras la apabullante e inesperada ruptura, mi razón sentenció el siempre odioso "te lo dije". Pasado eso, yo seguí corriendo de aquí para allá, tantean...

Lo admirable

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Una vez, hace muchos años escuché una frase que se me quedó dando vueltas, y sobre la que vuelvo cada tanto: Solo se ama lo que se admira. ¿Es verdad?, ¿qué cualidad nuestra puede ser admirable?, ¿qué virtud masculina nos puede asombrar?, ¿el cuento de la fan enamorada puede hacerse realidad? Cuando era chica y un slam (léase cuadernito de recuerdos muy popular entre las colegialas de los 90's) llegaba a mis manos, en algún momento saltaba la pregunta ¿a quién admiras? Y las respuestas variaban. Algunos contestaban a mis padres, otros a María Elena Moyano (yo estaba en ese grupo), por ahí se encontraba el que se pegaba de intelectual citando a un célebre escritor y algún politólogo en potencia decía que a un senador, diputado o ex presidente de antaño . Absolutamente nadie citaba a su enamorado, porque o no lo tenían, o a los 14 no buscas una persona admirable, solo alguien que te guste. Suficiente para entablar una relación que en un primer momento juras que es ...

Creo en ti

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El tiempo corre, como siempre, y casi sin darnos cuenta ya estamos en julio. Los chicos más chicos andan felices porque hay 15 días de libertad, la gente se emociona con los días festivos que saben a unas mini vacaciones (aunque con esto de que no se sabe si el 27 es o no feriado, como que todos andan confundidos), y unos cuantos, los que se la pegan de analistas políticos, periodistas sabiondos y ciudadanos comprometidos con la vida del país, ansían escuchar el mensaje presidencial del 28 de julio. ¿Qué de nuevo nos contará el Presidente?     Antes de que se desanimen de leer este post, les advierto que no se trata de política. Yo no sé mucho del tema, más allá de lo que cuentan las noticias y de que las elecciones presidenciales son el próximo año. Pero si, voy a confesar que en el 2011 voté por a actual presidente, Ollanta "cosito" Humala. ¿Por qué? Porque ni muerta iba a votar por la hija de un presidente que se sentó en el poder más de 10 años, y aunque no d...

Mentiras individuales

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Te pago mañana, dos más y nos vamos, te juro que no quería, en cinco minutos estoy ahí. Estas son solo algunas de las miles de mentiras universales, argumentos que sirven para chistes, pero no son útiles como tabla de salvación. Pero hay otras mentiras que nosotras mismas nos inventamos para justificar a otra persona y, de paso, ponernos cabe.       En muchos, muchísimos, innumerables casos nos mentimos a nosotras mismas. Nos repetimos la misma historia una y otra vez hasta llegarla a creer, por más que no sea cierta, así nos olvidamos de una verdad dolorosa, que a la larga dolerá el triple cuando la tengamos que enfrentar. Como dicen por ahí, no hay nada mas terrible que engañarse a uno mismo, sin embargo nosotras lo hacemos, inventando cuentos dignos de Disney o creyendo las palabras de un cretino a quien realmente le importamos bien poco. Ejemplos hay de sobra.   Él va a cambiar por mi. Mamacita, permíteme abofetearte a ver si entiendes qu...