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Ya fuiste

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El tiempo ya puso de su parte y tú también cumpliste con lo tuyo. Entonces parece que ya lo asumiste, lo superaste y ahora sigues con tu vida, y todo estaría muy bien si ese "parece" fuera una certeza. Cómo saber si efectivamente él ya fue. Aquí unas pistas Antes de esa desilusión, chasco, resbalón, ruptura cardíaca, fractura severa de pecho (y cráneo) o como prefieras llamarlo, tú te emocionabas al escuchar su solo nombre y hacías tu mayor esfuerzo para no sonrojarte cuando hablaban de él (conocido ahora como el tarado ese que alguna ve te gustó) frente a ti (porque era una ilusión secreta para darle un aire mas telenovelesco al asunto). Nombrarlo era imposible, te morías de la vergüenza y temías que tu tono de voz al mencionarlo delate ese cariño que crecía en ti. Pero ahora ya no. Hablas de él con toda la calma del mundo, aunque claro, los pocos comentarios dedicados a ese sujeto están desprovistos de estima, porque ya te diste cuenta que es un tal por cual, po...

Yo me quedo

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De un tiempo a esta parte he desarrollado una peculiar debilidad por los zapatos. Esta costumbre de entrar a cuanta zapatería con descuento encuentro a mi paso, y salir con un par nuevo, ha reducido el espacio en mi closet. Por eso estoy siguiendo el consejo de una amiga que también tiene problemas de espacio, por cada par de zapatos que compro, deshecho uno. En cuestión de experiencias, también podemos reemplazar una por otra. ¿Con qué vale la pena quedarse? Podría quedarme con ese recuerdo de un corazón roto y mis ojos llenándose de lágrimas aquella noche en que se supone todo estaba calculado para que me regales al menos un beso más, pero todo cambió en cuestión de segundos. En ese momento corroboré algo que ya sabía, pero prefería no prestar atención para no malograr la bonita historia que escribía, el sapo no se iba a convertir en príncipe, en la vida real no funciona así (y en la película de Disney, La Princesa y el Sapo, tampoco). Pero a fin de cuentas nuestra hist...

No pasa nada, pero pasa todo

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Es una mala costumbre de nosotras, las mujeres, decir no me pasa nada cuando nos pasa de todo. Nuestra cara nos delata y cuando nos preguntan nos empeñamos en decir que nada, esperando que alguien adivine lo que sucede. Ya sabemos que los hombres no son videntes, pero seguimos empecinadas en que algún día aprendan a leer nuestra mente, así como nosotras podemos leer la de ellos. No pasa nada, pero nos fastidia que él haya saludado tan euforicamente a esa amiguita que es más flaca, más sonriente, más simpática y más lacia que nosotras. No es que estemos celosas, porque total no nos pasa nada, pero nos preguntamos porque su cara cambió del gesto serio a una sonrisa digna de comercial de pasta dental apenas divisó a la fulanita esa, la misma que minutos después de abrazar a nuestro chico nos saludó con besito y todo sin perder la sonrisita coqueta.  Tras ese breve encuentro, él nota nuestra incomodidad y mientras nos dice "es mi amiga, no estarás celosa ¿no?", nosot...

Amor reciclado

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Hoy en día todos somos ecológicos, amamos a los animales, protegemos el medio ambiente, compramos productos amigables con el ecosistema y reciclamos todo lo que se nos ponga delante. En cuanto a sentimientos, también podemos reciclar. La pregunta es ¿vale la pena? La norma es reducir, reusar, reciclar. Entonces nosotras bajo ese concepto decidimos reducir la lista de amores que no funcionaron, reutilizarlos bajo el rótulo de enamorado y reciclar ese amor que creímos muerto hace un tiempo atrás. O, tras un desliz emocional decidimos reutilizar a ese ex y aplicar la célebre teoría del clavito , en la cual quedó claro que para algo sirven los ex. Pongámonos en el caso de que queremos resucitar ese amor que habíamos dado por muerto, es más, lo enterramos el día que rompimos fotos y tiramos a la basura regalos, tarjetas, destrozamos peluches, o sea, le hicimos caso a aquella canción que dice que no quede huella, que no, que no. No dejamos ni rastro de ese bodrio sentimental por...

La insoportable relatividad del siempre (y del nunca)

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De pronto, en un momento cumbre del romance, donde todo nos parece maravilloso porque estamos al lado de la persona amada, él en medio de un abrazo de telenovela nos pregunta "vamos a estar juntos siempre, ¿no es cierto?". Y nosotras por efecto del embobamiento propio de la combustión de emociones de ese momento respondemos con un automático "si". Disculpa que arruine tu escena romántica, pero es mi deber decirte que eso del "para siempre" no es tan absoluto y definitivo como parece. Puedes tener la voluntad y la certeza de que quieres aventurarte a lo que venga con el chiquito este de la mano, pero ¿hay alguna garantía?. A Luis Enrique no le faltaba razón cuando cantaba yo no sé mañana si estaremos juntos, si se acaba el mundo (si, es la canción del tramposo, pero cuenta una gran verdad). El siempre y el nunca son todo, menos definitivos. Eso de nunca digas nunca es una verdad universal. Y tengo un ejemplo perfecto que siempre me contaba mi m...

Entre tu cuarto y el mío

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Estamos a kilómetros de distancia por decisión, por salud mental y emocional, porque es lo mejor, y me ha costado entenderlo y asumirlo, pero finamente he caído en seco y ahora identifico todo lo que hay entre tu mundo y el mío. Entre tu cuarto y el mío hay olvido. Tú tienes mala memoria y nunca te has molestado en demostrar lo contrario. Tanta mala memoria que no llevas la cuenta de cuando empezamos a frecuentarnos y cuando acabó todo, de buenas a primeras. A pesar de todo tengo en tu cabeza un lugar muy pequeño y compartido con algún recuerdo refundido que deja en evidencia la persona que fuiste, el chico bueno con pinta de malo que también pasó al olvido. Yo soy tu opuesto, tengo memoria fotográfica, e hice un registro textual de nuestro tiempo juntos, porque la estaba pasando tan bien que no quería que se me escapara un solo detalle. Tras el naufragio emocional tuve varias tareas pendiente, la más difícil era olvidarte y pasar la página. Como tu cambiaste de capítulo ...

Con solo una mirada

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La clave para descubrir una mentira o que una persona no es tan sincera como parece es mirarla a los ojos. La mirada o te reafirma, o te delata. O enamora, o espanta. O nos invita, o nos rechaza. O nos inspira a todo, o no cuenta nada nuevo En muchos momentos de mi vida, desde mis dulce infancia hasta mi adultez, pasando por la pubertad y aquellos turbulentos años adolescentes, cuando me encontraba en momentos de embobamiento producto de alguna ilusión prematura (¿se acuerdan de la licencia para soñar? yo en muchos momentos me tomé alguna) yo buscaba una mirada. Obviamente la mirada de aquel que me quitaba el sueño. Eso me bastaba para ser feliz. Encontraba esa mirada en mi campo visual e inmediatamente recordaba ese verso de Bécquer que decía: "hoy el cielo y la tierra me sonríen, hoy llega hasta el fondo de mi alma el sol, hoy lo he visto, lo he visto y me ha mirado, hoy creo en Dios". Así de cursi, así de meloso, así de tragicómico. Sobre todo, si tomamos en cue...